LA GESTIÓN DEL COLOR

Cada cual hace lo que quiere. Es una máxima del comportamiento de toda persona. Si uno quiere andar, anda. Si quiere dormir, duerme. Ocurre a todos los niveles, y en el trabajo también.

Si alguien quiere montar un laboratorio (y tiene la suficiente voluntad), lo montará. Y justamente eso hizo Enric Galve, director general de EGM Laboratoris Color.

Una vez montado, se encargó de hacer las cosas en su laboratorio como a él le hubiera gustado que le hubiesen hecho como cliente.
Y, como cualquiera que monte su propia empresa, se marcó un listón en cuanto a la calidad a conseguir.
Pero en este caso, Enric lo tuvo claro: quiso apartarse de la línea mayoritariamente seguida por otros y apostó por la mejor calidad.
Decisión difícil, puesto que ya muchos saben que los márgenes son reducidos y es más seguro apostar por el camino fácil… pero a la postre resultó una decisión acertada:
EGM es conocido hoy día como uno de los mejores laboratorios de España (sino el mejor) y también de Europa. Enric hizo lo que quiso, y lo hizo bien.

Y para ofrecer una altísima calidad de impresión, no es que sea importante usar la gestión del color, es que es imprescindible usar una de máxima calidad.
Pero, ¿qué es la gestión del color? Pues es el conjunto de técnicas y equipos que permiten conseguir algo… fácil de decir pero difícil de conseguir: que los colores que se ven en pantalla salgan así, iguales, en papel.

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Asimismo, necesita de tiempo y pruebas hasta verificar que todo va bien. Pero cuando está bien llevada, se nota. Y no sólo en el tamaño de la sonrisa de los clientes cuando ven su copia. También en ahorro de costes y de tiempo. Y en disgustos, y en estrés…
Los laboratorios que no la implantan suelen enfrentarse casi diariamente a momentos de tensión y desesperación:

¿por qué esta imagen sale con estos colores tan distintos? Pero… ¡si en mi monitor la veo distinta!

A partir de aquí empieza un duro peregrinaje por el mundo de las curvas de color, con resultados inesperados:
Bueno, le aplicaré una corrección así y asá, y pruebo de nuevo…

Y la copia sale con otro aspecto. Y luego viene otra corrección. Y otra, y otra. Y así hasta llegar a unas cuantas.
Si se suma el tiempo y el papel invertido y se verá que ésta es una forma de perder mucho tiempo, papel y dinero. Cada día.
Con una buena gestión de color esto se reduce muchísimo, porque las copias salen como se ven en pantalla, y a la primera. En ocasiones hay que hacer correcciones finales, debido a que el cliente cambia de opinión al ver la copia o porque algunos colores difíciles no quedaron exactamente como se esperaba. Sí, la gestión de color aún no es perfecta, pero todo se andará. La ciencia que la estudia la colorimetría está inacabada, pero avanza a buen ritmo.

Y es que, en definitiva, una buena gestión del color no es algo que, simplemente, queda bien decir. Es la única forma de llevar exactamente esos colores de la imagen al papel. Una y otra vez. Y a ese otro papel, a esa tela o ese dibond.

La buena gestión del color es la que cuando está, no se nota que está. Porque todo sale como se espera que salga. Y porque no hay que dedicar un día entero a una copia, lo que permite mantener la productividad en un buen nivel, al mismo tiempo que los costes contenidos. Y, todo ello para -al final- poder ofrecer la máxima calidad a un precio razonable.
Así pues: sí, la gestión de color es muy importante, porque ofrece múltiples ventajas. Al cliente, satisfacción y confianza en el impresor. Al impresor, tranquilidad y ahorro de tiempo, de material, de disgustos, de horas al teléfono, etc…

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